El duelo de lo que soñaste
- Pamela Letona

- 25 feb
- 1 Min. de lectura
Resurgir de las cenizas: paso a paso, con Dios a mi lado
Hubo un tiempo en el que me sentí ceniza.
No por falta de valor, sino por exceso de golpes: de los que se ven y de los que se callan.
Cuando todo se quiebra, uno intenta sostenerlo con las manos… y termina sangrando por dentro. Yo también intenté. Y me cansé. Y lloré. Y pedí señales.
Pero aprendí algo que hoy no negocio: Dios no llega para aplaudir tu orgullo, llega para levantarte cuando ya no puedes.
Resurgir no empezó el día que “me sentí mejor”.
Empezó el día que dije: “Señor, yo ya no puedo sola. Haz Tú lo que yo no sé hacer.”
Amar no significa permitirlo todo.
Perdonar no significa volver al mismo lugar que te destruyó.
Volver a mirar hacia adelante
Resurgir es recuperar visión.
No te levantas para demostrar nada. Te levantas para cumplir lo que Dios te prometió.
Si hoy estás en cenizas, quiero decirte algo directo:
no estás terminada. Estás en proceso.
Y con Dios, el proceso no es humillación: es transformación.




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